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Este espacio está dedicado, en primer lugar a su autor, Iñaki
Robledo"Roblas" y después a todos esos San Jorgistas Roji-Negros
repartidos por toda la provincia Bizkaina, alrededores e incluso en
otros continentes...
El Objetivo es ir dando a conocer
a parte de las personas que integran nuestra pequeña-gran familia, para
ello mes a mes intentaremos que nos deleite Roblas con sus entrevistas o
reportajes.
EL PEQUEÑO
GIGANTE

Viéndole así, sin más, uno no tiene la sensación de
estar cara a cara con una leyenda en activo. Si no le conociese, nunca
diría que pertenece al ‘gremio’. Y es que Gorka Rodríguez Lauzirika
(1981) se aleja bastante del arquetipo de portero actual, que tiende a
ser alto, fuerte y corpulento. Desde su 1,65 de estatura, la vida no se
ve, no puede verse, igual. Ya tendría esa talla cuando, con 17 añitos,
el San Jorge entró en su vida para quedarse y no salir. Allá donde otros
crecieron físicamente, Lauzi se quedó chiquitín, pero se convirtió en
gigante, desarrollando sus condiciones, creando un estilo propio y,
temporada tras temporada, consolidando su supremacía en la portería del
San Jorge. Indiscutible e indiscutido, y pieza clave en la evolución
deportiva de este club, nada será igual cuando finalice la Liga. Amenaza
con pasar un año sabático y ya está pensando en el partido de homenaje.
Los que hemos entrenado con él, compañeros de dentro y fuera del
‘gremio’, sentiremos un tremendo vacío cuando llegue el momento. Porque
la conclusión es la misma: todos los porteros (altos y bajos, gordos y
flacos, carismáticos y silenciosos, e incluso los inclasificables como
el que firma esto), todos, repito, hemos querido ser como Lauzi...
porque nos ha demostrado que, para ser grande, no hace falta dejar de
ser pequeño.
-¿Dónde empieza tu relación
con el San Jorge?
Va ya para diez años, yo jugaba en el Asti-Leku en
escolares y vino Asier y llamó a mi padre, que era el entrenador, y le
preguntó por mí. Le pidió mi número de teléfono sin saber que yo era
hijo suyo, así que me puse al teléfono y me contó que iba a montar un
equipo. Era mi último año como juvenil. Y nada, luego fui a entrenar
allí con el resto, hice las pruebas y hasta hoy... Diez añitos, una
década... Prodigiosa. (Sonríe).
-En apariencia, no tienes el clásico físico de portero.
Si me apuras, igual se te ve más como un ‘ratón’ del área... ¿Cuándo te
entró el gusanillo del ‘oficio’?
A mí, de verdad,
nunca me había gustado el fútbol, ni el fútbol-sala, ni nada... Yo era
más de atletismo, correr mucho pero jugar, nada. Empecé en el Asti-Leku
en mi último año de cadete (14 años) por hacer algo. Más que la portería
en sí, lo que me gustaba era tirarme al suelo, hacer un poco el tonto y
tal, y como no se me daba mal del todo empecé a mejorar y ya ves...
-¿Cuál es tu balance de todos estos años?
Es inmejorable. Para
mí el San Jorge lo ha sido todo. Al principio más, por la novedad que
suponía jugar como federado y los nervios de la semana centrados en el
partido. Estoy supercontento con la gente, aunque, también tengo que
decirlo, más ‘quemao’. Cada vez cuesta más acabar una temporada, y ésta
va a ser la última que jugaré.
-Cuántas veces llevo oyendo este discurso, y luego en
septiembre siempre estás de nuevo con los bártulos como un fenómeno...
¿Algún día conoceremos la verdad?
Siempre me han
convencido, o me he dejado convencer, mejor dicho. Pero esta vez estoy
100% seguro. No un adiós, quizá un hasta luego, pero el año que viene no
voy a jugar. Luego no sé, igual cuando subáis a Nacional ‘B’ si me
llamáis, ya hablaremos (risas).
-¿Cuáles son tus recuerdos más entrañables echando la
vista atrás?
El mejor, sin duda,
fue cuando subimos de Segunda a Primera. Los dos últimos partidos fueron
increíbles, y eso que me perdí el del Kukullaga. Estuve en la grada y me
acuerdo de que rompí la cinta de seguridad que puso allí la Ertzaintza
para que no saltase la gente al campo. Al final se me saltaban las
lágrimas de la emoción... Por supuesto, también recuerdo las veces que
hemos ido a Llanes, las quedadas que hemos hecho, los cánticos (como el
de “ya son la una”)... Todos esos momentos son irrepetibles. Por eso,
aunque el año que viene no vaya a jugar, no pienso dejar el contacto con
la gente y posiblemente le pida a Mikel Larrea quedarme a entrenar con
los porteros. Ese contacto no lo pienso perder.
-Los que más se han aburrido contigo (en el buen
sentido, por supuesto) han sido tus compañeros en la portería. Has
acumulado más suplentes que ningún otro portero en este club...
Siempre se ha
escuchado el rumor de que yo les hacía algo, la ‘maldición de Lauzi’,
porque siempre empezábamos dos o tres porteros y luego al final la
temporada la acababa yo solo. ¡Eso es mentira, yo no les hacía nada!
(risas). La gran mayoría de mis compañeros han sido bellísimas personas
y con todos me he llevado perfectamente.
-¿Cuál consideras que ha sido tu mayor cualidad como
portero?
La agilidad es muy
importante, yo que no tengo cuerpo para cubrir portería como la mayor
parte de los porteros, sobre todo me valgo de la agilidad y la velocidad
de movimientos.
-Este año, ¿estás notando el auténtico significado de la
palabra ‘competencia?
Sí, últimamente las
pretemporadas se me han hecho muy cuesta arriba y he tardado en ponerme
en forma. Yo creo que el año pasado fue el peor de mis años en el San
Jorge, pero subimos porque había equipo y entrenador. Este año me veo
mejor, pero sobre todo mentalmente me cuesta tener que ir a entrenar,
está el Euskaltegi, llego tarde a casa... Pero bueno, aguantaré hasta el
final.
-Al menos podemos estar tranquilos con respecto al
futuro... Los jóvenes vienen dispuestos a reclamar tu ‘trono’ y los dos
sabemos que hay relevo de garantías...
Estoy diciendo que me
jubilo para quedar bien, je je, pero vamos, vienen unos chavales por
detrás... Andoni quizá sea el mejor de todos los que han jugado conmigo,
ahí ha salido un ‘crack’. También está David, el juvenil, que tiene unas
condiciones enormes, es grande... Quedamos en buenas manos.
-Vamos terminando, ésta es para que te luzcas. ¿Qué es
el San Jorge para ti?
Ha sido lo más
importante. Jugar para el San Jorge era el acontecimiento de la semana,
ir a jugar, encontrarte con la gente, compartir vestuario con los del
equipo, para mí lo ha sido todo. Y espero que lo siga siendo durante
muchos años, aunque ya no siga jugando.
-Creo que ya te están habilitando una plaza en el ‘Hall
of Fame’ del club, reservada sólo a tíos con status de leyenda...
Sí (risas). Ya quiero
aprovechar para pedir el partido de homenaje, cuando me retire, para
salir con la ikurriña como hiciste tú...(Ver
Imagen)

-Para nada. Tu despedida ha de ser más espectacular...
¡Igual que tus paradas!
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Javas es uno de los principales emblemas del
‘sanjorgismo’ tal y como lo conocemos hoy en día. Llegó con el club
recién fundado, en edad juvenil. Fue artífice del ascenso a Primera,
regresó a Segunda para apadrinar el debut del San Jorge ‘B’ y volvió
nuevamente al ‘A’ para ayudarle a subir a Preferente. En verdad, y por
desgracia, apenas pudo hacerlo desde donde más le habría gustado por
culpa de un año aciago marcado por las lesiones. Hoy, se recupera de una
intervención de rodilla, tras una rotura del ligamento cruzado que
amenazó con poner fin a sus días como futbolista. Los médicos salvaron
su pierna, y su voluntad por seguir jugando salvará su corazón. Porque a
don Javier Prieto Izquierdo (1982) el músculo vital le late en rojo y
negro (“sin San Jorge no soy nada”). Han venido tiempos duros, queda
toda una rehabilitación por delante y el tío sigue pensando en volver lo
antes posible a los campos, junto a los suyos. A estas alturas, uno ya
no sabe dónde termina Javas y dónde empieza el San Jorge, y viceversa.
Si jugaste con él, estarás de acuerdo. Y si por edad no lo hiciste, sin
duda lo querrás.
“Yo
estaba jugando liga escolar en Zunzunegi, y Aitor (Albalá) era mi
entrenador. Llegué al San Jorge de juvenil, con la liga empezada. Aitor
le habló de mí a Asier y nos vino a ver algunos partidos”. Algunas
conversaciones marcan el curso de la historia y ésta, sin duda, fue una
de ellas. En el vivero de Zunzunegi tendió sus redes el San Jorge para
empezar a poblar su incipiente cantera. Javi fue uno de los elegidos.
“Éramos casi todos de Buenavista: los gemelos Pablo y Carlos, que son
amigos míos; Juanma...”. Aitor y él fueron los pioneros. Con el tiempo,
el barrio de Buenavista vio crecer a otros muchos canteranos que dieron,
o siguen dando, tardes y noches de gloria al San Jorge, como (la
lista puede ser interminable y pedimos perdón por las omisiones
involuntarias) Gorka, Sergio, Manu, Mikel (hermano de Javas),
Arnesto o Txuso.
Han pasado nueve años desde su
llegada, por lo que han sido centenares los momentos gloriosos vividos
como ‘sanjorgista’. Pero en su memoria hay uno de ellos cincelado en
letras doradas. “Lo mejor que he vivido fue el ascenso a Primera. Fue un
año increíble, sobre todo por la forma de terminar. Jugamos el último
partido contra el Kukuyaga, que era el líder, nos llevaba tres puntos y
le teníamos que ganar el average también. Lo tengo aún grabado en
vídeo, de vez en cuando lo veo y... es una pasada, una pasada...
Curiosamente, el partido anterior a ése, contra Hoberenak, teníamos que
ganar o ganar. Íbamos perdiendo de uno a falta de dos minutos o así,
luego empatamos y al final marcó Luisito sobre la bocina...”.
La expresión ‘hombre de club’
encontró referencia en Javas cuando se puso en marcha el ‘B’ y él
regresó a Segunda para afianzar el nuevo proyecto. “Al principio me
dolió un poquillo, y es normal, porque uno siempre quiere jugar lo más
arriba posible. Pero es que ya en el primer entrenamiento me lo pasé tan
bien viendo a la gente que estábamos que me dije: ‘voy a pasar un año de
p... m...’.
Y quedamos cuartos (récord hasta la fecha), a pesar de haber empezado
mal, sin entrenador hasta la sexta jornada...”. Fue humilde entonces y
continúa siéndolo ahora, y lo comprobamos cuando le recordamos que él
mismo fue el primer goleador oficial del ‘B’. “Ni me acordaba”, dice
entre risas.
El tiempo, o acaso la justicia
divina, volvió a colocarle en el primer equipo, donde ha sido más o
menos fijo hasta que hace cosa de año y medio empezaron a perseguirle
las lesiones. Las de gravedad, se entiende, porque “con esguinces he
jugado muchas veces”. Ahora le toca un período difícil, pues Javas no es
de los que disfruta viendo los toros desde la barrera. “Yo no era de
lesionarme nunca, hasta el último año y medio. Empecé en 2005 cuando me
rompieron la nariz de un codazo en un partido contra Hoberenak (nota
del autor: fui testigo presencial, desde la portería, de cómo el árbitro
ni siquiera señaló falta). Eso había sido algo aislado hasta el año
pasado, en que me cayeron las lesiones una tras otra. Empecé con el
tobillo varios meses sin poder jugar, luego se me infectó el dedo del
pie y me tuvieron que sajar, luego un golpe en la cabeza que me quedé
tonto y ahora esto: en el penúltimo entrenamiento de la temporada, sin
partidos por delante ni nada, ya ves...”.
Pasó el verano con dolores, pero
ignorante del verdadero alcance de su dolencia, que conoció por fin en
agosto. Tras el paso por el quirófano, “casi todos los médicos que he
consultado me han recomendado que lo deje, que estás jugando en el San
Jorge, que aquí no te ganas la vida... Pero yo tengo clarísimo que voy a
seguir jugando y si me pasa otra vez ya me lo pensaré”. No es momento ni
lugar para hacer cuentas de la lechera, pero espera volver a verse de
corto en un plazo de cinco meses.
“¿Para volver a entrenar?”,
pregunto.
“Para volver a jugar”, zanja con
rotundidad. “Felipe (el ‘fisio’) me ha dicho que me va a curar esto, me
va a entrenar y voy a salir como un toro”.
Hay que creerle y, sobre todo, hay
que animarle. Y es que, aunque todavía es joven, cuando lo era más aún
su vida podría haber girado 180º. “Tuve una ocasión de irme cuando se
fue Jorge (López) a jugar a Nacional B, que casualmente fue el año del
ascenso a Primera. Yo fui a entrenar a Getxo un par de veces con él,
pero Asier habló conmigo y decidí quedarme. Es lo mejor que he hecho. Me
queda la espinita de no haber jugado nunca en Nacional, pero no lo
cambio por nada, me da igual...”. Ese día, sin saberlo él, se estaba
fraguando la forja de uno de los iconos de este Club. Apostó por
quedarse priorizando el ‘sentimiento San Jorge’, de cuyos principales
valores siempre ha sido firme depositario. “No sólo por las farras
(risas). Es la gente, siempre ha habido buen rollo con todos. Nunca me
he sentido mal aquí, es que es una pasada... Todos los años va entrando
y saliendo gente, pero siempre somos un grupo de amigos. Yo creo que en
ningún equipo se vive eso como aquí. Y todo el que viene nuevo,
encantado; y el que se va, se va jodido pensando en que quería seguir
(n.d.a: esto me suena...). Creo que a todo el mundo le pasa, como me
pasaría a mí, que no quiero irme a otro equipo”.
Me atrevo, creo que por vez
primera desde que le conozco, a corregirle: dice que en ningún otro
equipo se vive igual, pero lo hace sin base ni fundamento, porque lo
cierto es que Javas no conoce otro equipo federado. Siempre fiel al San
Jorge. Aquí nació, aquí creció y aquí quiere morir, deportivamente
hablando.
“¿Qué es el San Jorge para ti,
Javi?”
“Es como mi vida. Lo sabe Andrea
(su novia, presente durante la charla), lo sabes tú, a mí no me puedes
quitar de aquí, yo sin San Jorge no soy nada. Necesito el grupo de
amigos; de hecho, paso casi más tiempo con los del equipo que con mi
propia cuadrilla”.
Pues eso. Habló un hombre que se
merecía un reportaje.
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